¿Deprimido? Hora de levantar pesas

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Hola. El año pasado (2016) ha sido el año más duro de mi vida.

Me golpearon como nunca sentimientos depresión, soledad y tristeza.

Y puede que levantar pesos, en cierta manera, me salvara la vida.

¿Qué me ocurrió? Historia corta: perdí a una chica. La que más he querido en toda mi vida. Mi persona favorita. La cosa que más me gustaba en esta vida. Nunca había odiado, ni echado de menos, tanto a nadie como a ella.

Fue un año jodido. Y a pesar de que salí fuera a intentar pasar página (fue el año con el que más chicas me acosté) ninguna era como ella. Estaba deprimido, hundido, sin saber hacia donde ir.

Pero no dejé de hacer una cosa: ir al gimnasio, sabía que, ahora, era cuando más lo necesitaba.

Así que simplemente iba, cogía esos hierros, los levantaba y los volvía a dejar en el suelo. Pensaba en estar mejor. Pensaba en que quería estar ogulloso de mi mismo, y en cierta manera en que si un día me cruzaba con ella, pudiese sacar pecho y levantar un mentón orgulloso.

Pensaba en estar fuerte. En ser fuerte.

La mente y el cuerpo están conectados. Tonny Robbins lleva diciéndolo (y cobrando millonadas) desde hace años. “La forma más rápida de cambiar tu estado es cambiar tu fisionomía”, lo que viene a decir que si estás triste sonrías, si te sientes derrotado alces los brazos… etc.

Por eso, si estás deprimido, ponte a levantar pesar. Como un cabrón bastardo.

Endorfinas, voluntad de hierro y autotransformación

Hay una cosa que no puedes hacer cuando estás hundido: quedarte quieto. Si te quedas quieto, si tiras la toalla, morirás.

Tienes que ser responsable de tu estado, ser consciente de tu problema y realizar las acciones necesarias para estar, cada día, un poco mejor.

Tu cerebro tiene que reestablecer su química. Tienes que generar endorfinas. Y una manera para ello es el ejercicio, así que si no haces ningún deporte, al menos ponte a levantar hierros.

Levantar hierros puede ser mucho más que levantar hierros. Puede ser algo espiritual. Puede ser algo sanador y transformador.

Vas un día y entrenas duro (nada de tintas medias, si vas al gimnasio entrena duro -excepto los primeros días, esos tomátelos con calma-). Y vuelves otro, y otro y otro.

Forjas tu voluntad, aumentas tu autoestima, te das cuenta de que hay vida más allá de tus problemas, de tu depresión, tristeza o el monstruo que te haya mordido en el cullo. Y de regalo, endorfinas y testosterona para tu cuerpo (y reducción del mortífero estréss).

Y tu cadena de pensamientos va en este sentido:
“Estoy más fuerte, estoy mejor, me siento bien, mi cuerpo es poderoso, y al igual que puedo transformar mi cuerpo, transformaré mi mente y saldré de esta.”

Entrena para ser más fuerte, no para la playa.

Una de las mejores satisfacciones de ir al gimnasio, es cuando bates nuevos récords. El alcanzar metas que hace unos meses te parecían inalcanzables te hacen querer golpearte en pecho como un gorila y querer gritar “mundo, aquí estoy yo ¿me oyes?”

Para ir subiendo rápidamente de pesos (sobre todo si estás empezando) entrena la fuerza (frente al entrenamiento de ‘hipertrofia’ que es el de ‘hacer musculitos’).

Con un entrenamiento basado en la fuerza (pocas repeticiones de 1 a 5) progresaras más rápido, el entreno será más corto y divertido, y te sentirás como un espartano de 300 (da mayor satisfacción hacer una repetición de peso muerto con 160 kilos que 6 con 100).

Lo repetiré: si estás empezando, céntrate en ser fuerte primero (pocas repeticiones, mucho peso), tu cuerpo se transformará rapidamente, más adelante cuando tengas una base, ya puedes pasar a una rutina de hipertrofia.

Entrena con ego, y como un estilo de vida.

Oirás decir “no entrenes con ego”. Eso esta bien para nenas, pero yo te digo: “entrena con ego (pero con cabeza)”.

¿Por qué necesitas entrenar con ego? Porque quieres superarte cada vez más, empujar tus límites más lejos y explorar lo desconocido. Y descubrir una cosa: eres más fuerte de lo que crees.

Cuando crees que el peso con el que entrenas esta bien, lo dejarás ahí. Pero si entrenas con ego te dirás “venga un poco más”, y descubrirás que esas mancuernas o ese press de banca que creías imposible estaba al alcance de tu mano. Verás a gente entrenando con pesos bajos que mueven perfectamente mientras piensas “podías mover más peso si te atrevieses”.

No tengas miedo.

Pero al mismo tiempo entrena con cabeza. Al mínimo indicador de dolor, para el ejercicio, no lo fuerzes. Y ejecuta siempre una técnica lo más perfecta que puedas, nada de arquear la espalda, ni movimientos no controlados.

Entrena como un estilo de vida. Piensa que no es algo que haces, es algo que eres. Así que tampoco entrenes demasiado (ni en tiempo, ni en días). Empieza entrenando 3 veces por semana, de 45 a 60 minutos. Eso es más que suficiente para empezar. Recuerda: lo que quieres es mantenerlo en el tiempo no quemarte, ni obsesionarte con ello.

Entrenas para estar mejor, físicamente, mentalmente y espiritualmente. Bobby Fishcer para prepararse en su famoso duelo contra Boris Spassky se ejercitó físicamente, practicando varias horas de gimnasio y boxeo.

A las chicas les gusta

Digan lo que digan, a cualquier chica le gustará que estés fuerte y en forma. Estos son algunos de los comentarios que me dijeron algunas chicas en el 2016:

– Eres el chico más durito con el que he estado
– “¿Puedo ver como te duchas? ” Más tarde, le pregunté que miraba: “Tus cuadríceps”.
– No sabía que bajo la camiseta guardases ese cuerpazo.
– Me encantan tus brazos cuando me abrazas.

En un próximo post quiero hablar de una enfermedad entre el tipo de aspecto medio, la de “no soy lo suficientemente X para ella” (siendo X, bueno, guapo, alto, o cualquier otra chorrada). El estar en forma y sentirte fuerte, te hará sentirte mejor contigo mismo. Con más autoestima, y reducirá dicha enfermedad. Si bien esto mismo se aplica a cualquier otro área de tu vida sobre la que trabajes con disciplina y pasión.

Una frase final

¿Sigues sin convencerte? quizá esta frase de Henry Rollins lo haga:

El hierro es el mejor antidepresivo que he encontrado. No hay mejor forma de luchar contra la debilidad que con la fuerza. Una vez que la mente y el cuerpo han despertado su total potencial, es imposible volver atrás.

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